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BARCOS DE ÉPOCA > RAFAEL VERDERA

El "Rafael Verdera" en el XVIII Trofeo "Almirante Conde de Barcelona"

Desde que D. Juan de Borbón visitó el barco en el verano de 1989, durante la quinta edición del Trofeo "Almirante Conde Barcelona", el "Rafael Verdera" no había vuelto a tener la ocasión de participar en esta gran regata de veleros antiguos. No es de extrañar que la curiosidad del almirante se sintiera vivamente atraída por la singular estampa de este veterano pailebote ibicenco de 1841 que por aquellas fechas navegaba con su aparejo latino original, ya que se trata desde luego del barco mas antiguo de la flota española y posiblemente también del navío de vela más viejo del mundo que todavía surca los mares. A bordo del "Rafael Verdera" siempre ha permanecido un sentimiento de cariño especial y un vivo recuerdo hacia la regata del Conde de Barcelona y aunque en aquella ocasión desarbolamos todos los mástiles ante la inusitada violencia de viento que se desató en la ultima prueba, siempre hemos querido regresar a este incomparable encuentro internacional de veleros antiguos. En agosto de 1994 el "Rafael Verdera" tuvo una fugaz ocasión de tomar parte en dos de las regatas de su décima edición del Trofeo, justo antes de hacerse a la mar para atender compromisos profesionales en aguas extranjeras, de nuevo nos quedamos con las ganas de más vela clásica . Hasta que el pasado verano la firma ron El Dorado nos brindó la oportunidad de participar de nuevo en esta magnífica regata, patrocinando al "Rafael Verdera" no solo con su apoyo económico sino además con el entusiasmo de su estupendo equipo humano.
Tras un largo y laborioso proceso de restauración y reformas a todos los niveles que han transformado al "pailebot" desde sus vetustas cuadernas hasta la arboladura de "querche", el "Rafael Verdera" podía ahora presentarse en el gran encuentro internacional de barcos de época desplegando sus nuevas velas cangrejas y escandalosa. La tripulación familiar de Mikel Arizmendi se reforzó para la ocasión con antiguos marineros del barco -hoy amigos- buenos conocedores de las complicadas maniobras que siempre exigen los clásicos y con la arrolladora alegría del equipo de las bodegas Pupitre capitaneado por Mr. Gerard Porsius y Antonio Gómez. Y así, con su carga de historia y de ilusión, el "Rafael Verdera" puso rumbo a la tradicional cita de la bahía de Palma, ah… y sin olvidarnos del delicioso ron de la Guayana que sería la envidia del mismísimo Barbanegra.
La inmensa alegría que produce el reencuentro con los viejos amigos de la mar siempre compensa la decepción por algunas ausencias de parientes próximos, como en nuestro caso las de los otros dos pailebots ibicencos supervivientes a la extinción de toda una raza de veleros. Muy pronto nos tuvimos que olvidar de viejos paisanos, pues hasta desde las gélidas aguas del Báltico llegaban navíos zaristas a desafiarnos ¡y en nuestra propia bahía!

Primera Regata
Con el "Rafael Verdera" como un pincel de quilla a quilla (en este caso, una veleta de ivoko artesanalmene labrada por las primorosas manos del capitán Arizmendi) nos hicimos a la mar. La primera regata fue de aquellas que hacen afición: un "Embat" generoso, la mar rizada, un sol resplandeciente, cañonazo de salida puntual y un gran espectáculo en la bahía. Tras salir con precisión por el centro de la línea el "Verdera" realizó una gran ceñida hasta Sa Porrassa que nos permitió saludar a buena parte de nuestros amigos por la popa mientras, navegando a un largo, estrenábamos la primera escandalosa. Se completó el recorrido sin mas incidencia en un buen tiempo y regresamos a puerto mas eufóricos que satisfechos sabiendo que se había logrado una buena clasificación. Pero no todo iba a ser tan fácil.

Segunda Regata
Al día siguiente tampoco faltó el viento, la regata no era corta y la navegación se hizo mas complicada a la par que competitiva. Mientras las escotas tomaban tensión se iban perfilando ya quienes eran nuestros rivales, de hecho, nos veíamos las caras cada vez mas cerca. Los caprichosos roles terminaron de complicar las cosas y tanto el "Carrina" como el "Rosen Gwenn" (mas conocido como "el canario" por su vivo color) se nos escaparon para siempre, así que tuvimos que consolarnos con que no nos diera alcance el francés "Don du Vent" y gracias.

Tercera Regata
El tercer día ya costaba levantarse de la cama, la verdad. Drizas escotas y cargaderas se volvieron ásperas y pesadas, menos mal que la regata era corta y las condiciones buenas. Pero desde antes de la salida quedó claro que la lucha con nuestros rivales sería encarnizada. Tras sucesivos adelantamientos y cambios en la flota, la navegación se volvió a muerte y casi llegamos a izar la "liberada" (vela para vientos portantes, absolutamente loca y antecedente directo del spinnaker, se parece a un "Big Bog" y deberían estar prohibidas) en un momento dado. Hubo que dejarse de "liberadas" y empezar a dar bordos pues las constantes roladas nos impedían montar aquella boya del enderrocar como es debido. Mi proa se convirtió en un plato de spaguetti -bien aliñados- y la tripulación rugía como si fueran auténticos bucaneros de la Hermandad de la Costa. Menos mal que amainó y casi nos quedamos todos tirados, esa llegada no fue para ansiosos.La encalmada ralentizó el final de la regata hasta la desesperación aunque, no obstante, se produjo una llegada a cámara lenta muy comprometida entre nuestro barco -que se llevó la mejor parte- y el yate "La bella Lola" que se vió desplazado fuera de la línea. Ahh..se siente

Cuarta Regata
Será recordada como la del "Diluvio Balear", pues el último decisivo día de competición la naturaleza desató la furia de todos sus elementos con una violencia extraordinaria. Como recordarán sin duda; con la ciudad inundada, la corriente eléctrica interrumpida, el tráfico colapsado y los ríos desembocando en el puerto, abrirse camino hasta los barcos era casi misión imposible. A nuestro táctico, incluso le cayo un rayo en su casa y todos pensamos que en tales circunstancias lo más seguro era un barco. Poco a poco fue embarcando toda la tripulación invariable recibidos a bordo con el saludo "No hay regata, se ha suspendido" ¿No hay regata a a??? Eso pensábamos pobres diablos ingenuos. Mientras la proa del "Rafael Verdera enfilaba la bocana del puerto bajo un amenazador cielo negro, sobre una mar blanca encrespada y entre el bramido de los truenos, los del Bodegas Pupitre no aflojaban y los invitados tan contentos, los tripulantes muy serios cruzábamos miradas de circunstancias en silencio y yo no podía apartar de mi mente el recuerdo de aquella regata del Conde de Barcelona cuando el botalón de 7 metros se flexaba como un arco y todos corríamos por cubierta cuchillo en mano. Muchos éramos los mismos. Decididamente, aquel día no prometía y menos cuando saludamos al barco del Comité en la salida con un beso impresionante por no abordar a un inconsciente ¡ Qué valor los del Comité! No se arrojaron al mar al vernos venir, como habría sido lo prudente.
Aunque se acortó el recorrido, fue muy duro regatear con tramontana fuerte y mar, pero, a pesar de que ya estábamos rotos, navegamos con entusiasmo hasta que… al llegar a la última boya de la regata el viento arreció y roló a Gregal, la proa se negaba a pasar y nos quedamos parados frene a las rocas ¡motor! Y decepción por la retirada porque el "Rafael Verdera" navegó como un jabato no como un abuelo. Verdaderamente fue una pena que la última marca de todo el Trofeo fuera la única que no conseguimos virar. El disgusto duró poco, se nos pasó al llegar a puerto y sentir la cariñosa bienvenida que nos brindaron todos los yates participantes haciendo sonar sus sirenas entre saludos, fue, de verdad, muy emocionante. Este año el "Rafael Verdera" no ganó mas premio que el trofeo al barco más antiguo -aunque ese ya lo teníamos asegurado desde el momento de la inscripción- el agotamiento por el esfuerzo realizado duró muchos días, pero la satisfacción de haber participado todavía permanece muy viva y el orgulloso recuerdo creo que durará toda la vida. Porque el "Rafael Verdera" es un barco con alma que exige mucho, pero que se lo merece todo.

Suso Rosselló Portmann
Tripulante del "Rafael Verdera"